Sí, esta entrada es vuestra y sólo vuestra. Me parecía una desfachatez llenar el blog de Óscar de lagrimones y explicaciones a destiempo, así que para todo el que se pase por aquí, espero jamás tener que escribir otra explicación así.
Digamos que el año ha sido raro (¿y cuándo no es un año raro?). Bueno, me refiero a que en poco tiempo han cambiado muchas cosas, incluso yo. Mea culpa que en el fondo soy una cobarde y no me atreví a seguir al pie del cañón, así que decidí apartarme sigilosa sin hacer ruido, y no os dije nada. Y os echaba mucho de menos (¡ya véis, extraña distancia!).
Para mí este año comenzó ayer, por la mañana. Año Nuevo, vida nueva. Si hago balance, el pasado tuvo sus momentos buenos, sus momentos geniales, y sus horas bajas. Han sido demasiadas horas bajas, he cavado demasiados pozos, y me he quedado esperando a que hubiera algo de luz. Y sin duda, no sé si tendré tiempo para agradecer tantas escaleras que los que me rodeaban decidían echarme, por si acaso me atrevía a subir de nuevo. Y un día, me cansé de esperar, sentada. Así que poco a poco vuelvo a ser la misma. No, miento, la misma no.
He crecido como persona demasiado (demasiado para lo que fue). A veces las cosas no salen como esperamos, pero sin duda, hay que extraer lo bueno (y lo mejor) de todo, y aprender. ¡Maldito desamor! Sería el efecto dominó, pero dejé caer demasiadas piezas. Me cerré en una burbuja, porque el aire de fuera se me hacía irrespirable. Y por culpa de la burbuja dejé de lado demasiadas cosas… Os dejé a vosotros, sin querer queriendo. Dejé la carrera (y ahora la he vuelto a coger por las riendas, para que no se escape). Dejé que mucha gente se cansara de “¿pero otra vez con lo mismo, Cris?”. Por no hablar incluso de salud…
Por eso siempre hay que aceptar los cambios. Las pequeñas grandes variaciones. Ahora mis miras van más allá de las de antes. He aprendido a buscar con los pies en la tierra y a no confundir tiempo con madurez, ni siquiera des-tiempo con inmadurez.
Si tuviera que dar las gracias, no sabría por dónde empezar. Sólo sé que a vosotros os incluyo en ese conjunto de personas con las que alguna vez brindaré con una copa de cava, para celebrar seguir aquí. Porque a pesar de todo he conocido a mucha gente que ahora anda en el camino conmigo. A fin de cuentas, he ganado más que lo que creí perder.
Por eso, mis disculpas. Para que no vuelva a pasar, seguiré aquí. Muchas veces pensaba (en mi pozo, en las horas bajas), “¿qué harán ahora los terolianos?”, pero mi cobardía no me dejaba volver. Echaba de menos las risas y el colegueo, la sensación de familia, que tan lejos y tan cerca os veo, y el lugar tan acogedor que Óscar sigue llenando con sus palabras.
Por eso te adelantaste, Mikel. Porque este post estaba preparado, para poder volver por la puerta grande.
Ahora sí, el saco de besos y abrazos que os prometí. Y os guiño un ojo, porque puedo decir: regreso a casa, familia.
Habla, que yo escucho