Mesetarránea

Un día extraño. Y no sé si prefiero que se acabe o no. Llevo medio día haciendo girar en mi cabecita pensamientos que no me llevan al otro lado del río. Ni siquiera he pedido al barquero de Estigia que me preste un remo. Porque es un día de esos en los que todos los comentarios parece que hablan de mí. Me veo en los ejemplos que han estado haciendo eco en clase, en la calle, en mi mente. Me he despertado con una canción que me trae buenos y malos recuerdos. He conseguido bajar a tiempo a clase, sin conseguir que se hiciera silencio en mis oídos. Grita. ¿Pero el qué? Para canciones canallas ya tengo otras. Los pensamientos volaban a otra parte, iba cambiando según se pasa de ámbar a verde. Hace frío y no es suficiente abrigo. Redondeo las esquinas con el traqueteo de mis pies. Y llego a tiempo. No me centro en las 8 horas que paso allí. Ni una sola. Con la Constitución del 12 se me cierran los ojos. Respiro: es la vida ajetreada. A veces se tambalea de nuevo el compás de la canción. Y sigo sin conseguir centrarme. Vuelvo a escribir con la luz apagada, estoy sin estar y pierdo la calma. A fuerza de desventuras.

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~ por Amelia Edwards en noviembre 20, 2008.

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