Vaya Semanita

[No, para vuestra desgracia y pena no voy a hablar de ese gran programa de la tele vasca. Aunque debería, por supuesto…]

Vaya semanita la que llevo en esto de la carrera: lunes ofuscada, no me entero de nada de lo que leo, sobre todo tratándose de temas de estructuralismo, etc… Llevo tiempo preparando el pseudo-examen, pero tampoco tengo claro de qué quiera preguntar, o de cómo lo vaya a tratar el día en que me pongan delante el folio con el membrete complutensis en la parte superior… Total, noche de desasosiego, no duermo bien, me decido a imprimir las últimas presentaciones de Paleolítico y dejo seco el tóner. Seco no: árido. Busco un post-it y anoto: urgentemente tinta. Me levanté a colgarlo en la puerta de casa, que cuando salgo no me entero si llevo la cabeza puesta. Martes de tila: me entran las angustias y represento junto a dos compañeras de clase una tragedia. “Forcejeo en la puerta de la 19B” se titula. “Que entres” y tira. “Que no” y aguanto. Intentan arrastrarme entre dos, y no tienen fuerza. Llega la sustituta de la profesora: nos ve haciendo el canelo. Se ríe. Y yo me zafo de los brazos que me sujetaban. Una de ellas me grita: “¡que me prometiste que te presentabas!… traidora”. Me entra la congoja: es un parcial voluntario, y si lo hago, que sea por la puerta grande, con dos coj****. Decido huir cuan felona medieval, y me cruzo a varias personas de clase. Me comentan un proyecto que hay en mente para esto de solventar las carencias del viaje de ecuador. Me veo inmersa en el proyecto: vuelvo a pedir otra tila (y doble porque no puedo) en la cafetería. Hora de recapacitar. Llego a casa tarde, tenía clase hasta las 20:00. Ducha eterna, que me tengo que quitar todo el desasosiego con el que cargo desde el amanecer. Noche en blanco. Llega el miércoles: no aprovecho lo suficiente la mañana, acecha el sentimiento de culpabilidad. Por la tarde tomo un café deprisa y corriendo con Raúl, hago de camello literario, comento el “proyecto calendario”. Le pica la curiosidad (ay, Sherlock). Varias horas de clase (me lo paso como una enana y disfruto con el documental sobre Carlomagno… sí señor, un triunfo ponerlo en la práctica). Tutoría curiosa. Llego a casa, tampoco aprovecho lo que queda de tarde. Abate la noche: releeo himnos sumerios. Jueves frío: decido tra-vestirme de pija, flequillo ondeando al viento: no me reconocen los de clase. ¡Pues si lo sé ni me des-arreglo…! Decido volver al estilo casual, jajaja. Me salto, sin querer, una clase. A la siguiente no viene el profesor (“caraio, si teníamos que hablar del examen de mañana”…; el bedel sugiere que está enfermo: “pobrecico, que se mejore”). Sentimiento de culpabilidad: bueno, mejor, que hoy no me apetecía hablar de Sumer. He quedado a comer con Daniel -portugués-, después tenemos práctica en el Archivo de Palacio. Partimos de la Facultad una avanzadilla selecta de 4 (…si somos 8 en clase, selectos, claro); el escuadrón llega a tiempo, casi con puntualidad inglesa, a la puerta en la que habíamos quedado, allí nos encontramos con el otro tercio. Pero no aparece el profesor. Hace frío, decidimos cruzar la acera para tostarnos al sol madrileño, al menos durante la larga espera. Idea peregrina: ¿y si le dejamos un cartel en la puerta al profesor? “Hola Manuel, nos hemos ido a la cafetería X de la Plaza de Oriente, te hemos pedido un descafeinado. No tardes”. No la llevamos a cabo porque aparece a los 5 minutos, con excusa. Se te perdona, tranquilo [esta salida al Archivo requiere un post completo, chavalería… mañana más]. Quedo maravillada por el Archivo, y aún sigo con el “efecto Stendhal” tras haber visto una mínima parte de los fondos. ¡Jopé, yo quiero volver…! Acabamos relativamente tarde, levantamos el campamento la avanzadilla selecta y nos replegamos a nuestras respectivas casas. “Bien, ahora aprovecharé para leerme los “Himnos sumerios”. Releo, pero no me entero de las letras, no encadeno palabras. Ofuscada de nuevo. “Con un tapón como el de Óscar”, diría yo. Ni me acabo de leer las letanías sumerias para el examen de hoy, viernes: madrugo, pero me salto otra clase. Culpabilidad. Llego a la 01 y aparece el bedel de ayer: el profesor X tampoco está hoy. Cara de sorpresa: “¡pero si tenemos examen con él!”. “Sigue enfermo, creo”. En nuestro fuero interno se oye un: tomaaaa. Exteriorizamos un: pobrecico, que se mejore, vaya… Culpabilidad: no me alegro, claro que no, pero así me releeo su libro de nuevo, tranquilamente. Me ha encantado que de nuevo haya aparecido mi ángel de la guarda en esto de los temas académicos…: mira que llevabas mucho tiempo de vacaciones por Cuba, jodío…

[De ahí que invierta mi tiempo en escribir estas líneas. Manda narices]

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~ por Amelia Edwards en noviembre 28, 2008.

Una respuesta to “Vaya Semanita”

  1. Bueno, salimos ganando los que te leemos. Mi semana ha sido agetreada en comparación con mi vida ordinaria. Pero con comparación con la tuya, mi semana ha sido como un remanzo de paz. A veces agradezco no tener esa espada de Damocles encima que tienen algunos y que les lleva a la idea obsesivo-compulsiva de que no van a alcanzar a hacer todo lo que quieren hacer en esta vida y siempre están corriendo y haciendo un millón de cosas.

    Mi sangre sigue siendo webona. =P

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