Los peregrinos de Van Gogh

Nunca me había parado a pensar en las palabras de Van Gogh hacia su hermano Theo, en una de sus cartas. Vincent, en calidad de ayudante del predicador Jones, un pastor metodista y tras haberse trasladado a un suburbio obrero de Londres, Isleworth, le escribe a su hermano el primer sermón que pronuncia, haciendo referencia a a un cuadro de Boughton expuesto por esa época en la Royal Academy de Londres (“‘¡Dios da prisas! Peregrino en el camino de Canterbury; el tiempo de Chaucer. Amsterdam, Rijksmuseum Vincent Van Gogh), así como al libro de J. Bunyan The pilgrim’s progress (1678), que le inspiran. Leyendo con otros ojos (no el mero hecho de ser un sermón religioso), se puede aplicar la oratoria a la vida real (o quizá debería decirlo con mayúscula… la Vida Real). No, no me he vuelto metodista, tranquilos. Es que veo con otros ojos (y quizá no míos) esta vida…

Nosotros somos peregrinos, nuestra vida es un largo camino, un viaje de la tierra al cielo. […] Nuestra vida es como el camino de un peregrino. Una vez vi un espléndido cuadro; representaba un paisaje al atardecer. A la derecha, en la lejanía, una hilera de colinas que parecían azules entre la bruma de la tarde. Sobre aquellas colinas, el esplendor del anochecer, nubes grises con estrías plateadas, doradas y púrpuras. El paisaje es una llanura cubierta de hierba y de brezo; aquí y allá las cortezas blancas de los abedules con las hojas amarillas, porque es otoño. Atravesando el paisaje discurre un camino que se dirige a una montaña alta, muy, muy lejana y, en lo alto de la montaña, una ciudad sobre la que el sol del anochecer arroja una luz de gloria. Por el camino avanza un peregrino, que sujeta un bastón en la mano. Camina desde hace mucho tiempo y está cansado. Se cruza con una mujer, una figura vestida de negro, que hace pensar en las palabras de San Pablo: “Aunque triste, siempre está alegre”. Ese ángel de Dios ha sido colocado allí para animar al peregrino y para responder a sus preguntas; y el peregrino pregunta: “¿Este camino, siempre es en subida?”. Y la respuesta es: “Sí, hasta el final”. El peregrino pregunta de nuevo: “¿El viaje, durará todo el día?”. Y la respuesta es: “Desde la mañana hasta la noche, amigo mío”. Y el peregrino prosigue su camino, triste, aunque siempre contento.

Jamas pensé que las palabras (que no los cuadros) de un pintor pudieran describir no sólo un paisaje, sino un sentimiento, un estado, una emoción. La vida siempre es cuesta arriba, y dura desde que amanece hasta que Lorenzo se va a dormir. Y es cierto, la vida es tan corta o tan larga como la queramos ver. Lo importante es centrarte en los pequeños detalles que te dejan sin aliento. Y caminar, tristes, aunque siempre contentos: nunca sabemos lo que nos aguarda al despertar. Van Gogh decía que al igual que decimos que en el color buscamos la vida, la auténtica pintura consiste en modelar con cualquier color. Y yo añado que la auténtica vida es saber combinar esos colores…

[nos parecemos demasiado Van Gogh y yo… me temo…]

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~ por Amelia Edwards en abril 11, 2009.

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