Julio Iglesias

julio iglesias

Otra vez con insomnio del bueno. De ése de dormir sin dormir, de cerrar los ojos sin saber para qué (si total te da igual soñar despierta o técnicamente dormida). Y de repente me veo escuchando canciones de las que me traen recuerdos de hace muchos años —muchos ya—. Y concretamente ahora suena, para sorpresa mía (y vuestra cuando lo leáis) Julio Iglesias. Sí, sí, lo que pone, habéis leído bien. El gallego suena de fondo mientras escribo esto, sentada en la cama con el portátil abrasándome las piernas. No es que sea fan suya, ni siquiera tengo sus discos (al menos no yo, directamente). Pero sí conozco sus canciones, y quizás en una ronda de secretos inconfesables, ligado a un exceso de alcohol y verbigracia, yo diría que me sé sus canciones y soy capaz de cantar sus letras. Y no porque lo escuche de diario. Lo llevo escuchando toda la vida. Y me he acabado aprendiendo sus palabras. Me trae recuerdos a esos años en que haces castillos con cartón y te crees la reina de ellos, o el asombro te hace descubrir el mundo inocente y sorprendida, todo es nuevo. A mi padre sí le gusta como canta y tiene sus discos. Y por eso recuerdo ir hacia Zaragoza escuchando Julio Iglesias en el coche (todos los padres acaban torturando a los hijos con algún cantautor/sucedáneo…). Para mí Julio Iglesias, aparte de un jugador de fútbol lesionado y el hijo de Papuchi (bueno, Iglesias Puga) , son tardes camino de Torrehermosa en el coche, entre las carreteras áridas del centro peninsular. Es la primera bici, una BH, en el maletero, llegar y ver a la familia, algunos de ellos ya ni siquiera están aquí —¡y os echo tanto de menos!—. Para mí era correr libre en tierras aragonesas. Supone un porrón en la mesa lleno de vino, veinticincos de diciembre comiendo con la familia (¡juntarnos todos!), oír jotas en directo, que todos te saluden y te digan “cuánto has crecido, pequeñaja”, y te tiren de los mofletes. Para mí supone ver las cavas y las neveras excavadas en las montañas de arenisca, asombrarme con los chistes de mis tíos, que me lleven de la mano por las calles a ver gente que me conoce sin yo recordarlos, y llenarme los bolsillos de pastas de té, dando las gracias con un beso y la sonrisa. Oír el “¡anda que no se parece a su padre!…¡si son iguales!”, y reírme risueña. Escuchar historias de personas que te aprecian, comer bocatas de longaniza y lomo sentada con las primas en la puerta, no hay prisa, y vuelta a la Alcarria casi por la noche. Julio Iglesias para mí es ir a lavar el coche con mi padre, y jugar con las pistolas de agua y los cubos, cuando los dos nos permitíamos hacer el tonto y reírnos el uno del otro, mancharnos, mojarnos y ser felices. Supone buscar cualquier excusa para subirme a los pinos a coger piñones, y con un guiño convencerme para jugar al frontón o al tenis —¡y me dejabas ganar, papá!—. Aún  recuerdo aquellas raquetas de playa, de madera de cedro. Es ver nevar por las ventanas de casa, la nariz roja, mirarme y ponerme el abrigo, las manoplas, y bajarme al parque, para que pudiera hacer mi muñeco de nieve. ¡Y te encargabas tú de ayudarme a juntarla, tan fría! Para mí Julio Iglesias es enseñarme a ir en bici, dejarme ver tus discos (cuando aún se tenía respeto por el vinilo), sentarme a hacer sumas y restas, y bañarme antes de ir a dormir. Y aunque con los años nos volvemos los adultos un poco tontos, me encantaría volver a todo eso. Muchas veces, papá, deberías sonreír más a menudo y dejar el traje de serio en la oficina. Por eso Julio Iglesias me hace sonreír. Algún día lo canto en directo. Y os sorprenderé a todos.

Será que tengo la noche tonta y sonrío en exceso. Pero me gusta sonreír así. GRACIAS.

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~ por Amelia Edwards en octubre 29, 2009.

2 comentarios to “Julio Iglesias”

  1. Me ha encantado el post!!!
    Un abrazo 😉

  2. Ah, la infancia… Para mi Juan Pardo, ya sabes, significa carreteras estrechas cruzando los campos abrasados de solde Extremadura, un coche viejo y mi padre conduciendo demasiado rápido, pero con una sonrisa, probablemente viendo a través de su ojo no sólo el camino, sino otros caminos que recorriera años atrás.

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