De cómo leer un texto te lleva a otros pensamientos

Para que luego se diga que no actualizo, y para que luego se diga que si no tengo otras cosas que hacer (sí, ando muy ocupada, pero aun así… venga, anda, no te enfades).

Otra de esas revelaciones. Es curioso como muchos de los conocimientos de cualquier campo se pueden enlazar con cualquier otro sin despeinarse; es más, en realidad creo que todo conforma un mismo conocimiento y que es una estupidez la particularidad de separar en compartimentos estancos… A lo mejor estoy volviendo a mis raíces: la Historia, y su estudio, me permitían saber de todo, pero no saber de nada. Noble ejercicio de meditación académica, desde luego.

Simplemente quería reseñar (y enseñar) que de pequeñas frases se puede extraer todo un conocimiento inscrito en ellas que supera nuestra capacidad inicial de sorpresa. Releer cosas con sentido te lleva a pensamientos con sentido. Y es de un texto de Etnoarqueología* que hemos comentado esta mañana en una de las asignaturas (muy bien impartida, dicho sea).

Los etnoarqueólogos somos el único colectivo investigador que basa su propia esencia en la necesidad de adquirir conocimientos inalcanzables en Occidente, es decir, dependemos por completo de la experiencia del Otro y consideramos su conocimiento válido y útil. Con ello nos aproximamos a lo que pensadores poscoloniales como Spivak propugnan: no debemos pensar en qué podemos ayudar a las comunidades del Tercer Mundo, situándonos así en un plano de superioridad, sino en qué pueden ayudarnos éstas a nosotros. Hay que dejar que ellos nos enseñen, como ha señalado Hodder.

El texto se puede encontrar en: González Ruibal, «El giro poscolonial: hacia una etnoarqueología crítica», en Etnoarqueología de la Prehistoria: más allá de la analogía. Treballs d’Etnoarqueologia, 6. Departament d’Arqueologia i Antropologia. Institució Milá i Fontanals, CSIC, Barcelona, pags. 41-59

Y ahora que me perdonen los paladines de la Etnoarqueología, pero mi discurso no lo voy a relacionar con la misma. Digamos que he comprendido algo que, con muy buen criterio, me dijeron hace poco. Y no es porque entonces no lo entendiera, sino porque he comprendido que se puede extrapolar a todo en esta vida… ¡cuánta razón llevas! Hago una reflexión y entono el mea culpa: no es que yo no quiera que me ayude el resto, sino que quizá lo intento hacer todo (¡todo!) porque no confío en ese mundo.  Quizás confié y me desencanté. En cierto sentido, y acompañada de un egoísmo brutal del que me intento despojar (porque es un lastre que no quiero cargar), es cierto que propugno un cristinocentrismo (yo, yo, y por si acaso, yo…), aunque es inconsciente. Pero es verdad que no tenemos que preguntarnos en qué podemos ayudar al resto (e inconscientemente, una vez más, portar un halo de superioridad), sino más bien dejar que otros nos ayuden. No es etnoarqueología, sino una cuestión vital, de las de uso cotidiano. Todo el mundo está capacitado para todo, y ninguno podemos marcar el patrón de la capacidad del otro. A caballo entre el laissez faire y el ¡po-de-mos!, realmente deberíanos apoyarnos unos en otros, sin cortapisas, para mejorar (que es mi meta, a fin de cuentas). Así que es mi propuesta de hoy. Dejar que otros me enseñen, y rebajar la cuota de superioridad/humildad que llevo en la mochila (superioridad inconsciente, humildad buscada, dicho sea). Convertir el conocimiento en algo casual es verdaderamente bonito, y en cierto modo, es el verdadero conocimiento. Dicen que saber, poder y verdad van ligados, aunque no lo sepamos. Porque el que tiene el saber, tiene el poder, y al tener ese poder, conoce la Verdad. Y esa verdad de ese saber es la que sobresaldrá con el poder que tiene. Aunque es difícil, voy a intentar desligar estos conceptos, y -humildemente- conseguir cambiar el autocolonialismo de saber que os impongo al resto. Ahora, a aprender, y de verdad. Y esto es algo que he visto gracias a ti.

* Para los que andéis perdidos en esta cuestión os recomiendo que leáis los libros/artículos de González Ruibal y Hernando, aunque hay muchos autores más que debería indicar… ¡Ay, la pereza…!

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~ por Amelia Edwards en mayo 12, 2010.

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