Finlandia

Hay días en los que Madrid se levanta con una brisa fresca que te acaba llegando a los huesos, por mucho que te afanes en abrigarte. Por la noche este frío te adormece mientras corren por tus venas licores variados. Y al menor descuido despierta pensamientos, recuerdos, que ya habías guardado celosamente tras un muro alto. No los reaviva, no, pero sí viejas reflexiones que ya andaban en baúles. A veces, llevar un buen libro de camino a casa ayuda. Puedes distraerte con letras que saltan, y crear imágenes nuevas que solapen los videos que proyecta tu memoria. Pensar se hace algo insospechado. Llegan otras sensaciones. Desasosiego. Y luego paz. De saber que, de alguna manera, es todo lo más correcto que puedes. Aunque sigues dudando de la capacidad de resistencia de esos baúles. El nogal, a fin de cuentas, no es bueno para guardar cosas. Y oyes Finlandia, y un barco rompiendo el hielo. Otra vez saldrá el sol.

Todos los finales —de esos recuerdos que te acechan— acaban siendo como el poema sinfónico de Sibelius, Finlandia. Bellos.

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~ por Amelia Edwards en octubre 10, 2010.

7 comentarios to “Finlandia”

  1. ¿Y qué seríamos sin recuerdos?

  2. Bueno, hay recuerdos buenos. Pero también hay recuerdos malos. Todo es variable (¿borrable?). Incluso el pasado.

  3. Mmmmmmmm…. No, borrable, no, a no ser que se aplica la lobotomía, y no me parece recomendable. Ahora, que se quieran moldear los recuerdos, es otra cosa. Todos echamos mano de ese recurso…..

  4. Leí hace poco que la mayoría de recuerdos que tenemos los hemos moldeado y creado nosotros (sí, incluso creado). No son “lo que ocurrió en realidad”. O al menos le damos una percepción distinta, interesada, a como en realidad lo vimos.
    Lo de autoengañarse mentalmente es más común de lo que piensas. Aunque una lobotomía a tiempo… no estaría mal.

  5. Eeeeh… totalmente de acuerdo. Es fácil darle la vuelta a la tortilla y decantar cualquier situación a nuestro favor. Pero hay recuerdos que, por dolorosos, los desechamos, pero en realidad siguen ahí, latentes. Pienso que en el fondo, los recuerdos moldeados huelen a podrido, nos huelen a podrido a nosotros mismos.

    ¿Por qué estamos de tan mal rollo?

  6. ???
    No, fue un momento puntual. Me puse a reflexionar sobre muchas cosas, ya trilladas. Y al final he decidido volverlas a guardar en archivo. Que no merece la pena pensar tanto. Es lo que tienen los malos recuerdos, que acechan a veces.
    Aunque estoy de buen humor, conste.
    Hace tiempo que decidí que lo que mejor se me iba a dar iba a ser sonreír y poner buena cara. Siempre pensando en positivo.
    Y se vive mejor, la verdad. Doy fe. 🙂

  7. No,para nada. Mola más ponerse en plan gruñón y fastidiarle el día a alguien. Eso a mí se me da de lujo. XD

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