Infinito

He quedado esta tarde con V. Ha llegado tarde, o yo he salido pronto de casa. Llovía, pero no llevaba paraguas. No lo suelo llevar, me gusta mojarme, y que la lluvia me cale los huesos. Hemos ido a tomar unas cervezas, y a charlar. Estaba tan lleno de gente que no cabíamos casi. Al fondo estaba R., pero V. ha preferido quedarse delante. Ha puesto cara de “da igual, ya no importa”. No va bien algo entre ellos, por parte de ella. Ahí soy una mera espectadora, pero me duele, por los dos. Hemos estado hablando un poco de cada cosa… de la noche, de la fiesta, de la vida, de los estudios… Actualizando información. Detrás mío estaba gente con la que compartí infancia, pero que ahora sólo nos saludamos como conocidos. A., R., D., más gente que no conozco. Viendo el fútbol. Otra cerveza, por favor. Sonaba la canción que he puesto arriba. Y de repente, ha sido raro, pero todo se ralentizaba. Cambiaba. J. me ha saludado desde el fondo, ha alzado su botellín, y yo el mío. Y nos hemos sonreído, como los viejos tiempos. De hecho nos habíamos visto al entrar, pero no nos hemos dicho nada, mucha gente entre los dos. Ha sido raro, porque en un sólo segundo he recordado mis tardes con aquellas personas, mis noches de fiesta, cómo J. besaba, y cómo acabó todo, cómo al final nos hemos convertido en buenos amigos, de los que siempre están aunque no se sepa. He visto cómo toda aquella gente cambiaba y cómo yo cambiaba con ellos. Y sin ellos. De repente he visto cuánto he cambiado, no era mi lugar. Cómo me dolió aquello, y cómo ya no. No hay reproches, y me he perdonado a mí misma. Hoy sí. Ahora, por fin, sí. J. ha venido, dos besos, unas palabras de cortesía, y una sonrisa. “¡Estás cambiado, J.! ¡Vas muy guapo, eh!”. Yo sonreía. B. ha venido a hablar con nosotras, y nos hemos despedido de la algarabía. Hora de volver a casa. De nuevo, frío. Pero feliz.

Llevo unos días con una sensación de felicidad infinita. Como si todo alrededor fuera bello. ¡Y es que todo es inmensamente bello! Las rosas son preciosas, están en un jarrón azul en Madrid. Las risas, tus abrazos, tus besos, todo es mejor aún. Pasear de la mano sonriendo, aunque no digamos nada, es bello. Hoy (y hasta hoy he tenido que esperar) sonrío de verdad, sin rencores ni odios. Me he perdonado a mí misma todo lo que me tenía que perdonar. Has estado un año curando heridas sin saberlo, y te has ganado poco a poco todo lo mejor que yo pudiera darte. Es infinitamente bonito despertarse y verte sonreír al lado. Infinitamente bello verte antes de soñar, por la noche. Que me abraces para que no me pierda entre las sábanas y me dejes dormir un poquito más por las mañanas. Incluso que te rías de madrugada hablando de “Sepo” y “Sabo”, los hijos tontos de Atenea. Bostezo. Tengo la sensación de que todo sea perfecto, ahora lo es, de hecho. Tú lo haces perfecto. Tu risa.

Como ver películas abrazada a ti, con una manta. Aunque llueva fuera.

Cambiamos, todos, y eso es bueno. Madurar es una palabra reservada a las frutas. Somos puntos cambiantes. Y jugamos al efecto mariposa. ¡Claro que todos me ven feliz! Ahora tengo tantas sonrisas para regalar que llevo muchas de repuesto en los bolsillos. Mi padre sonríe al ver a su “pequeña” sonreír. Pido otra cerveza. Tus besos son pausados y dulces. Y la vida es demasiado corta como para no invertirla contigo, Roberto. Eres un nombre propio en medio de tantas letras. Jamás pensé que la vida fuera tan maravillosa, y que alguien te lo pudiera demostrar cada día. Porque esto es algo de verdad. Jugamos a ser fichas de dominó, vamos repartiendo esta alegría. Yo quiero compartirla. Voy a conservar esta chispa de felicidad, aunque pasen cien años. Gracias por el primero de ellos.

Al final, el amor se vuelve infinito. Cierto.

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~ por Amelia Edwards en octubre 31, 2010.

Una respuesta to “Infinito”

  1. Ahora tengo tantas sonrisas para regalar que llevo muchas de repuesto en los bolsillos.

    Cuando empecé a leer pensaba que era un cuento de ficción. Después me fui dando cuenta de que lo es de realidad. Te felicito, Kali, de que sientas todo lo que escribes porque todo eso, o casi todo, lo siente, o veo que lo siente, un gran amigo mío. Y eso me satisface realmente.

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