El cartero siempre llama dos veces (y tres, y cuatro…)

¡Las que hagan falta, oiga! Madrugas mucho, te destrozas las muñecas cargando cajas, memorizas cientos y cientos de nombres y sus correspondientes apellidos, a los que asocias calles, la imagen de la casa, la cara, y hasta datos nimios (“el cuñado del tío Benito, el de la ceja partida, el de las gafas, el del perro que me odia…”), colocas las cartas en orden hipotético, para caminar lo justo y necesario y no pisar tus propios pasos, rutinariamente vas por las mismas calles, revisas los buzones de Correos, sigues sin saber qué llave es y pruebas de una en una, desayunas en ca’ Luisa, en ca’ Paqui, etc… bollos y tal, “que ha sido el patrón del pueblo y es un desprecio que me niegues tomarte el café”. Si se lo niegas, se abrirá un proceso de guerra contra ti. No, mejor me lo tomo. Te cuentan que este año tienen calabacines de aquí a Logroño, que están hasta el nabo de coger ciruelas (y te llenan el maletero, dicho sea), que te lleves dos lechugas porque tus padres le dieron semillas del huerto de casa, “y mira qué hermosas han salido, no como la hija fea del Antonio”. Los separas, porque Antonio se le tira como un jabato para destrozarle la cara. Te persiguen los perros, corres hacia el coche: cartas en una mano, llaves en otra. Bendita apertura de puertas a distancia. ¡Chúpate ésa, perro tonto! Te mea las ruedas. Hijo de la gran… Mañana verás… Recolocas las cartas, anotas los certificados, rellenas los acuses. Mierda, se me ha olvidado llevar esta carta. Vuelves. Te acuerdas de todos los santos, ya vas con retraso. Llegan las cartas de la contribución: “guapa, sólo la urbana, cuando llegue la rústica vas a desear morir”. Y sí, deseas una muerte lenta y dolorosa a revisar las listas de fallecidos hace cuarenta años, para ver si alguien quiere esa bendita cartita. Te pateas todo el pueblo buscando “la casa nueva, claro, la de arriba, que ella se llama Amparo, claro, lo que te digo, que vive cerca del tío Joaquín y la tía Rosita, claro, la que lleva un todoterreno”. No, no te has enterado de nada. Subes a la susodicha, que resulta que ya no vive allí, y que vive en el pueblo de al lado, porque su marido decidió vender las tierras y largarse al pueblo con mejor solana, para plantar tomates, de esos gordotes. Va, que sí, que el caso es qué hago con la pu** carta. Sonríes. “Pues se parece al abuelo, ¿te acuerdas, Paco? Sí, hombre, el que llevaba la Guzzi, claro, el cartero de Cercadillo”. Pero el caso es que tú no recuerdas su cara, si es que los vistes cuando eras pequeña. Da recuerdos a tus padres, que sabes quién soy. Entras al bar del pueblo a dejar el periódico y publicidad (que no sé ni para qué la franquean, total, va a ir a la basura…), y te miran los abuelitos, hablando en voz alta: ay, lo que le haría (palillo en la boca, gesto obsceno). Escalofrío. Puñeteros viejos verdes… Te proponen matrimonio, pero vamos, que seguro que no, que no tienen tierras. Hay que tirar más alto. Te da el sol toda la mañana, tienes un brazo más moreno que el otro… ya se arreglará en la piscina. No se arregla, lo sabes. Regresas a la oficina, vuelves al ordenador, liquidas tu sección, los taloncillos, devuelves por desconocido, fallecido, colocas las cartas del nuevo día, matasellas, “hazme el favor de pasar por la máquina toda esa caja, que no se tarda nada”. Te pillas la mano con el matasellos electrónico. Duele. Colocas en la bendita caja. Te tira la muñeca (¡aguanta, pequeña, que pronto te arreglan!), sufres de hernia imaginaria, te duele toda la espalda… “Coloca las cartas, que se me han ido a otro pueblo, y ese cerro de paquetes es tuyo” (¡mierda!). Firmas, dejas las llaves, carpeta de Correos, y a tomarte unas cañas con los del curro. Totalmente rutinario durante todo un mes.

¡Escribid postales, coñe, que me hace ilusión repartirlas!

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~ por Amelia Edwards en agosto 5, 2011.

21 comentarios to “El cartero siempre llama dos veces (y tres, y cuatro…)”

  1. ¿Trabajas de cartera?

  2. Gremio familiar, efectivamente. Cartera rural (este año toca Baides, que no sé qué número de Circular tiene). Más una calle (urbana) de aquí.
    Si te dijera lo que voy a cobrar, lo mismo dejas tu spa y te haces cartero, maño, jajaja…
    Sólo este mes, que estoy haciendo una suplencia, nada más. Es que el que las iba a hacer anda lesionado, y les hago el favor de hacerlas yo, que este año no me tocaba a mí currar.
    Ya fuera de coña: es un trabajo idílico, conoces gente, aprendes un montón de cosas, pero llegas reventadísima a casa…

  3. ¿Conocer gente? ¡Qué horror! Jejejeje es broma. En mis tiempos de Carrefour me pateé bastante mundo también. Me gustaban aquellos días, escepto si hacía frío extremo, calor extremo, lluvia o viento…..

    Bienvenida al mundo real ^^

  4. Sí, ya sé que EXCEPTO es con X…. Me ha fallao el dedo….. Mis disculpas.

  5. Bueno, yo es el cuarto año que me toca hacer vacaciones… solo que éste ha sido otra ruta… pero bueno, conocer pueblos nuevos no viene mal.
    Se te perdona lo de la excepción (básicamente porque no me había dado ni cuenta, jajaja…).

  6. Tiene que ser un bonito trabajo, desde luego, cartero rural, un paraíso.
    Un caso descarado de nepotismo en una empresa pública, por otro lado, pero qué le vamos a hacer…

  7. Te había escrito una respuesta larga, pero como se resume en “no tienes ni idea, así que no acuses”, quedo mejor. Me parece mentira (bueno, no tanta) que seas tú el que me diga eso cuando creo recordar conoces cómo accedí a Correos. Mide algo más las palabras (de coña o no), que me consta sabes hacerlo bastante bien. ¿Seguro que nepotismo en empresa pública? ¿Quieres una copia de mis justificantes de la Bolsa de Empleo de acceso público?

  8. La que has liado, Rauú…

    l….

  9. WTF????

    Vaya comentarios hago últimamente…..

  10. Es que me cabrea que todo el mundo hable de enchufismo cuando los propios no me quieren cerca en la empresa, y los ajenos, sólo malmeter y acusar. Y Raúl, que me consta que lo sabe, creo que debería plantearse que su comentario sobraba. He aguantado ya muchos comentarios falseando la verdad, como para seguir escuchándolos…
    Las cosas no se dicen con una intención inocente nunca, las digas de verdad o de mentira.

  11. Raúl, le debes una disculpa a nuestra anfitriona….

  12. Pues, qué quieres que te diga, supongo que es más difícil encajar una broma que hacerla. No creo que tenga que disculparme por nada, habida cuenta de que llevamos años comentándonos los unos a los otros en este tono. No sé a qué viene ahora esto de la intención, supongo que tendré que replantearme, bajo este nuevo punto de vista, algunos comentarios pasados, de diferentes personas, que yo interpreté como simples bromas y que deseché como tales. Por si no ha quedado claro, por si alguien que me conozca no se ha percatado, ¡aún!, de que me paso la vida haciendo chistes y bromas, lo dejaré claro: ese comentario no era más que una chanza.
    Otra cosa es que esto, en concreto, sea un punto delicado; no tenía forma de saber que lo era hasta este extremo. Tabú a partir de ahora, palabrita.

  13. Cris, le debes una disculpa a tu invitado…..

  14. Si no es que sea tabú, pero hijo, precisamente a ti te lo comenté hace tiempo, hiciste el mismo comentario jocoso, y te hice ver que me molestaba. No obstante, repites la operación. A eso es a lo que voy, que creo que sobraba que lo volvieras a decir… básicamente porque llevo tiempo escuchándolo de mucha gente, y que digan de mí, lo que quieran, pero que lo digan de mis padres, no. Por ahí no paso.

  15. Ya me contarás en otra ocasión de qué va la cosa, porque parece que te molesta bastante, y visto desde fuera no parece para tanto.

  16. Que me lo diga un desconocido, me la suda, sinceramente. Pero los conocidos, no, qué quieres que te diga.
    Si lo sé, edito el comentario, y no se entera ni Cristo. La próxima me evito la polémica y cabrearme como una ardilla.
    (Un amigo lleva razón: no hables de tu vida privada, y no serás nunca juzgada. Pero sinceramente, para eso tengo un blog… que a este paso, o escribo de temas banales, o lo cierro).
    Nico, no es para tanto… porque probablemente en tu trabajo no lo oigas a diario (que te aseguro que cansa). En fin, que paso del tema, en dos semanas acabo, y me olvido de las cartas y todo lo demás.
    (Mierda, mis 20 minutos de desayuno, cubiertos. Me voy a currar).

  17. El hecho de que algo se repita hasta la saciedad no significa que vaya a convertirse en cierto. Pero la historia es otra, creo yo. Hablo del comentario de Raúl, no de tu curro. Sin que sirva de precedente, le doy la razón. Ha hecho una broma, como en tantas otras ocasiones las hemos hecho todos. No permitas que él pague los platos rotos. Aunque, como decía, esto lo digo sin conocimiento de causa, intuyendo los motivos, pero sin saberlos a ciencia cierta. Pero bueno, tendré que hacer una entrada tipo Hello Kitty para que se aplaquen los ánimos. Y mira que no me apetece ¿eh?

  18. Bueno, viendo cómo evoluciona la cosa, esta es mi palabra final: siento haber metido la pata; no recordaba que ya hubieramos tenido una agarrada por este asunto, my mistake, y no recordaba, por tanto, que fuera un tema tan sensible. Hago voto de grabarlo en mi memoria para no ser el ser humano que tropieza tres veces con la misma piedra.
    Lo que me sorprende es que haya gente que aún escriba cartas. Seguramente sólo llevarás notificaciones bancarias…

  19. Me estoy planteando borrar el post, y punto pelota. Vamos, el clásico borrón y cuenta nueva.
    En cualquier caso, da igual. No ha pasado nada, que en verano los dolores de cabeza se llevan mal, y no merece la pena rebotarse por cosas así.

    Sorpréndete, Raúl, pero no sólo cartas del banco, e impresos (la gente pide por correo periódicos, revistas… y la publicidad que mandan las empresas), sino postales (qué coñazo los críos y sus amiguitos del cole), cartas oficiales (juez de paz, alcaldes, etc.), y paquetes (la gente se manda a sí mismo o a los amigos cosas MUY RARAS… que me temo no puedo decir, porque yo firmo un papelito de “secreto profesional”, jajajaja…). Si algún día hablara…
    Eso sí, tienes una versión demasiado antológica del cartero (cartas a mano y de banco…), pero es que yo hago (casi) a la vez de “chica de los recados”, “farmacéutica”, etc… Se lo toman como si fuera una conexión ancestral con el mundo… y todos los días, casi todos, algún abuelito te dice: “por favor, ¿me puedes traer estas recetas?”. Es un trabajo curioso, desde luego. No creo que tus muertos te miren el escote y te pidan cartas prefranqueadas…

  20. ¿Ves como es fácil meter la pata escribiendo en internet? ¿Qué quieres decir con eso de que “tus muertos te miren el escote…”? ¿Me estás mentando a mis muertos? ¿Estás sugiriendo que no tengo un escote bonito, digno de ser mirado? ¿Crees que no sé lo que es una carta prefranqueada, o que mis muertos no son lo bastante cool para enviarlas?
    Si al final la tenemos…

  21. Aquí las respuestas: Es posible; Lo dicho; No, desde luego; No, evidentemente; Puede ser.
    Tranquilo, que la mayoría de mis clientes están más muertos que vivos…
    Relax, hermano: http://youtu.be/64QkD5pBWWE

    No retraséis más mi hora del desayuno, coñe…

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