Hallelujah

Llevo un tiempo pensándolo, pero no lo había puesto aún en práctica. Me despido. Y me perdono a mí misma por no haberlo hecho antes.

Quizá temporalmente, algo breve, o quizá en un lapso mucho más alargado. No quiero dejar morir el blog, como sí hiciera con otro en blogspot, puede que más inmaduro, pero que tuvo su función. Supongo que a éste le tengo algo más de aprecio, porque fue testigo, juez, balsa en las peores mareas, y castigo.

Cierro [temporalmente, pero porque no me atrevo a dictar la sentencia] la ventana que abría Amelia. Y empiezo una nueva, algo más lejos.

Siempre creí que un blog serviría para contar las cosas que callo, que guardo, y que pesan. Como todo el mundo, empecé con unas fotos, algunas tonterías, en MSN. Pasé una temporada en blogspot, despotricando a gusto, hablando a conciencia, y comiéndome el mundo. La gente de aquel blog me acabó conociendo, sabían cómo era yo, qué pensaba, qué quería. Y cerré.

Siempre creí que la magia de un blog es poder contar todo aquello que quieres contar, con la ventaja de que lo haces a completos desconocidos. Quería escribir para gente que no me fuera a juzgar. Yo, que entiendo por juicio aquello que hace un conocido, el que te aprecia, prefiero ser objeto de un prejuicio, que lleva consigo la categoría de desconocido. Prefiero una sospecha al dedo que acusa.

Amelia Edwards quería decir “verdades absolutas”, no medias tintas, no cosas a medias. Quería contar lo que pienso, lo que quiero decir, lo que siento, y lo que no. Y sin embargo, que me conozca la gente implica que vuelve a ser un pseudoblog, con verdades a medio dictar, con una medida de sastre en cada palabra, sujeta con alfileres. Alguien lo tildó de obsoletas, aunque creo que no lo son, yo escribo en presente, pensando en presente.

En el océano de los blogs, un día, de repente, acabas encontrando una misma explicación, una misma pregunta, una misma respuesta. Supongo que es parte de ese engranaje que te hace reflexionar. Se enciende la mecha, prende la pólvora.

Prefiero avisar.

Por eso, hoy vuelo libre a otro lugar, con otros proyectos, con otras miras, con otras cosas que contar (o las mismas, pero enteras). No dejo amarres y levo el ancla del barco, para evitar que nadie pueda buscar huellas en la nieve. Sobre todo, porque lo necesito. Llevo mucho tiempo necesitándolo. Y hoy creo que puede ser el primer día del resto de mi vida.

Edito: qué maleducada soy, lo olvidaba citar. Gracias a todos por todos los momentos. Con cierre de telón incluido.

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~ por Amelia Edwards en agosto 28, 2011.

2 comentarios to “Hallelujah”

  1. Como no nos gustan los alfileres no diré nada más que Farewell, my friend.

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