Improperios


NOTA: Este post es simplemente liberatorio. Liberatorio verbalmente hablando. No lo leáis si no deseáis ver una ristra de palabras vulgares y soeces, interconectadas por conjunciones sin ninguna otra razón que desfogarme.

Sí, estoy de muy mala hostia. Una profesora incompetente, de ésas que se labran la carrera a base de comer plátano arrodillada, ha vuelto, por tercera vez, a calificar penosamente un trabajo relativo a una planificación que ni ella hubiera hecho tan correctamente. No, no porque lo haya hecho yo, no (aunque bueno, es “en grupo”). Sino porque en cada trabajo volvemos a poner más tiempo, a emplear demasiado. Esta vez, con datos a los que ella, probablemente por su bajo coeficiente intelectual, no alcanza a localizar. No ha sido un corta y pega de datos estadísticos (no me jodas, que hasta la escala de funcionariado le he desglosado, con el grupo y subgrupo…). No, la señora quería grado de satisfacción personal, formación y adecuación a las tareas… y si se tercia, alergias conocidas, postura sexual favorita y talla de camiseta. Venga, joder, qué me estás contando, tía imbécil. Ningún otro grupo te ha desglosado todo eso, Víbora, y sin embargo, los que te abanican con hoja de palma, son los que mejor hacen el trabajo de mierda. Es que me cabrea. Será una situación infantil, pero cuando sé que he invertido demasiadas horas, y el profesional al que yo pago las clases ni se molesta en leer la información que aporto, sino que aún encima, me exige datos que sabe que no voy a poder obtener, y califica de “mierda impresa”, textualmente, un trabajo que creo es bastante bueno (básicamente porque he adquirido un nivel superior de conocimientos en esta misma materia en el máster, superior a lo que ella me va a enseñar; y visto lo visto, lo que me interesa es “olvidar lo que sé” más que aportarlo a los proyectos que te entrego…), apaga y vámonos. Porque he visto como en mi cara le felicitabas un trabajo pésimo a un grupo de los de tu lista de “favoritos”. Lo que pasa es que los que somos pobres no gozamos de tu favor, so cerda.

Menos mal que personalmente me llevo el conocimiento de otra (gran) profesional, ésa sí, del máster, que me ha aportado un gran conocimiento en planificación de proyectos. Conocimiento que careces.

Aunque claro, ese conocimiento de poco me vale para el cero que sé me vas a poner a final de curso. [Y lo sé porque me lo has dicho, desde que te comenté que no asistí a tu asignatura el cuatrimestre anterior porque se me solapaba con otra del máster… “Pues la mía es más importante, te jodes y la cursas el año que viene de nuevo por la mañana…”. ¿Y si quiero trabajar, qué? ¿No puedo por tener que asistir a tu bosta de asignatura? Púdrete, Víbora].

Toda la educación que me han dado la he empleado en colocar rígidamente la mandíbula en un gesto aprobatorio de cortesía y en alejarme gradualmente de tu mesa, por no lanzarme a tu yugular y reventarte la cabeza de un puñetazo mientras te reclamaba la explicación a tus anotaciones (porque ni siquiera has hecho tu trabajo, que es ir grupo a grupo destacando lo positivo y reseñando lo negativo/a mejorar…). Da gracias a que me educaron en su día. La próxima vez no voy a ser tan cordial. Y lo sabes.

Eso sí, voy a usar todas las cartas que dispongo, los ases, para darte por el ojete desde altas esferas. A ver si te echan y ponen a alguien competente en tu lugar, que merezca el sueldazo que cobras, para que sepas, desde abajo, lo que es planificar cojonudamente un proyecto para una biblioteca.

Me dejo cosas en el tintero, pero da igual. So puta.

Ya, ya estoy mejor.

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~ por Amelia Edwards en abril 13, 2012.

7 comentarios to “Improperios”

  1. Te ha faltado escribir en mayúsculas…..

  2. He accedido a tu blog a través de uno de los enlaces del de Vancorral. Después de hacer un breve repaso desde tus inicios, me he visto obligado a sacar la dolorosa conclusión de que tu estilo se ha depauperado mucho con los años: desde unas entradas iniciales repletas de belleza, de encanto, de sensibilidad, de magia, has pasado a la ordinariez más absoluta.

    Y eso, piénsalo, puede que se deba a la rabia y la frustración, la angustia y el miedo acumulados porque año tras año te has visto, quizás sin darte cuenta, más lejos del Señor, compañera inseparable del pecado y esclava de las exigencias inaceptables de un mundo cada día menos cristiano.

  3. Yo no tengo la paciencia de Vancorral. Así que lo siento, aquí no eres bienvenido, visto lo visto en el otro blog. Son de círculo reducido.
    Y tú, menos que nadie (y te tuteo, porque no te respeto, tú no lo has tenido conmigo al invadirme) tienes derecho a juzgarme. No vuelvas a hacerlo, nunca más. No me vuelvas a juzgar porque no me conoces ni sabes nada de mí. No sabes nada de mi vida, qué pienso, qué siento, y por qué variaron mis entradas; y no, para tu desgracia, no se deben a mi fe, que desde luego, es cosa mía. Éste no es un blog de libros, pero es MI BLOG. Si quieres comunicar algo al mundo, escribe el tuyo propio. La próxima vez no seré benevolente, y borraré tus comentarios.

  4. Qué pesado eres, amigo, qué pesado…

  5. Me temo que fuiste tú la primera en faltar al respeto al mandarme a cagar, Amelia Edwards. Si la escritora inglesa se levantara de su tumba, y viera cómo algunas personas, en su nombre, hacen uso de semejante lenguaje, no sé que pensaría, francamente. Te la tenía guardada, y como no soy todo lo buen cristiano que debería y Vancorral censuró la respuesta que di a tu grosería, he venido a tus dominios virtuales para resarcirme, haciendo uso de la hebraica ley del talión que en ocasiones olvidamos que fue triunfalmente abolida por la Ley del Amor que promulgó Nuestro Señor Jesucristo.

    Por eso, aquí haya paz y después no guerra, sino cordialidad y respeto ante todo. Que Dios te ayude en tus estudios y se solucione el problema que te ha hecho perder la cabeza y los nervios. No parece que te falte inteligencia ni sensatez, y se astisba en ti una extraña capacidad de observación que va más allá de lo normal, una especie de virtuosismo a la hora de contemplar las cosas que pasan a tu alrededor del que no mucha gente puede presumir. Sin embargo, recuerda la parábola de los talentos: los dones que Dios te ha dado, utilízalos convenientemente, aprovéchalos, y sobre todo guárdate de la soberbia.

    Acógete a la docta ignorancia socrática, a la humildad sincera que reconoce que de nada hemos de gloriarnos porque todo se lo debemos al Supremo Hacedor, y entonces alcanzarás la felicidad y una sabiduría exenta de toda vanidad, deslumbrante por su sencillez, irrefutable, convincente, victoriosa y engalanada por los hermosos y vivos colores de la bandera más noble, la de la humildad. Bendiciones.

    La sabiduría no entra en alma artera,
    ni habita en cuerpo esclavo del pecado.

    Sb 1:4.

  6. Pero bueno, tío, ¿a qué te metes en nuestros blogs? ¿No es suficiente con las horas que pases de rezo, como para aún encima, venir a mieses ajenas, a ver si te llevas algo más al bote y te marcamos la X de la declaración de Hacienda? ¿Quieres que hablemos de la pederastia de los curas del norte? ¿De la homofobia de algunos arzobispos? ¿O de las bestialidades que cuenta tu amiguito el de Tenerife sobre las niñas que se acercan provocando a los curas?

    Te voy a decir, José Goseascoechea, si es que ése es tu verdadero nombre (aunque tengo más datos de ti de los que puedes pensar ahora mismo), que he dirigido durante 8 años un coro de niños CRISTIANO, que formo parte de la comisión de la parroquia de la cual dirijo el coro, y que de mi familia soy la ÚNICA CRISTIANA practicante. Y no por ello voy vendiendo estampitas a mis conocidos ni molesto a Vancorral o a Nichman, porque no estoy de acuerdo con la Iglesia católica actual, y creo en unos principios morales universales (llámalos cristianos o taoístas o de Bernarda Alba). No te he pedido que vengas a mi blog con palabrería santurrona, porque te he dejado muy claro que mi fe la vivo yo, y punto pelota.

    Me has vuelto a juzgar, y te lo he advertido en un comentario anterior. No, no habrá paz para los malvados. Y para mí, estás en ésa categoría.

    No voy a entrar en tu juego. Ésta es mi vida, no la tuya. No voy a responderte a más comentarios, simplemente estás desde ya mismo en la cola de spam del blog. No se verán reflejadas tus palabras, y te voy a privar de lo único que puedes hacer aquí: mostrarte a través de los comentarios.
    Y si Vancorral censuró un comentario en su blog es porque probablemente es más caballero que tú y no tendría por qué salpicarle todo lo que últimamente estás haciendo en nuestros espacios.

    No tengo nada más que decirte. Que tu Dios te acoja y te perdone, que debe ser lo que quieres leer. Mis problemas ya me los soluciono yo.

  7. “Señores que no tienen vida propia” por Indalecio.

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