Hoy…

•octubre 21, 2012 • Dejar un comentario

tengo el día de canciones moñas. Es culpa de la lluvia (creo).

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Action/Réaction

•octubre 11, 2012 • 1 comentario

Llevo más de una semana pensando en esta entrada, porque cuando ocurrió me apetecía contárselo a todo el mundo al momento. Y por A o por B, como suele ocurrir, quedó apartada… Exceso de tareas, cansancio, y que no se daba el momento perfecto…

No creo en que el Universo esté unido por pequeños hilos y funcione como una suerte de efecto mariposa —hay gente que sí—, pero lo cierto es que, desde que aprendí ciertas claves de uso vital [Nota: sí, es gracias un libro malamente ubicado en Autoayuda, pero que conforma la tesis de la autora, por lo que para mí es Psicología-Divulgación… sobre todo por el hecho de llevar citas bibliográficas anejas al final, lo que difiere de un libro de autoayuda común. Quería avisar de antemano, por los posibles prejuicios]… como iba diciendo, desde que aprendí que no es bueno autosabotearse siempre y que, realizando pequeños actos basados en experimentos útiles con grupos de personas distintas, uno puede ser más feliz y pensar en positivo (ahí es a donde iba yo), el mundo se ve de otro color.

¡Y de qué color! Como bien dice otro blogger, aporto sus palabras, “Sonja Lyubomirsky es Licenciada en Psicología por la Universidad de Harvard y Doctora en Psicología Social por Stanford, además de profesora en la Universidad de California y Premio Templeton de Psicología Positiva del 2002. De hecho, desde hace más de 20 años ha estado estudiando científicamente en qué consiste la felicidad y cómo desarrollarla. Por tanto, sus conclusiones no son intuiciones de libro de autoayuda sino que están soportadas por análisis empíricos rigurosos”. Efectivamente.

Adquirí el libro en la Casa del Libro de Goya las Navidades pasadas, mientras estaba esperando a Rober en la parada del E3, aunque hasta hace poco no me había puesto a leerlo (en serio). Hará apenas tres semanas pasé de la portadilla, y lo cierto es que, desde entonces, todo ha mejorado notablemente. Lo recomiendo de manera encarecida, básicamente porque aporta estrategias que te permiten aprovechar un potencial de felicidad (que es el fin último y más importante de todo ser humano: esto lo digo yo, no hace falta que me lo cuenten por escrito…) y entender que la constancia (en esos pequeños gestos) alarga de sobremanera la carga positiva de fábrica de cada uno.

Por tanto, parto de una lectura provechosa, algo de esfuerzo localizando ofertas de trabajo, y el uso de todas las herramientas a mi alcance. Hará una semana que ya sabía que tendría trabajo (¡y quería contarlo!): el martes entregué unos papeles que faltaban en la oficina de empleo de la Universidad, que gestiona becas y prácticas para los alumnos, por la tarde me llamaron para hacer una entrevista al día siguiente, el miércoles madrugué como una ceporra y me presenté vestida de señorita pija en las oficinas del barrio megaosea, y ese mismo día me llamaron por la tarde para confirmarme que estaba seleccionada, por lo que empezaba a trabajar este lunes (sí, esta semana).

Llegar y besar el santo, por supuesto. La celeridad de la UCM, increíble; la amabilidad de la Secretaría de la empresa para citarme al día siguiente, destacable; la entrevista extraña y exótica, a recordar (era mi primera entrevista, he de decir; y no me preguntaron casi nada relacionado con mi vida, sino que me pidieron información sobre los planes de estudio para los hijos de la subdirectora…); la llamada por la tarde confirmando las prácticas, sedante.

Así que he empezado a trabajar gestionando licencias de autores, presupuestos, revisando catálogos, para la empresa del sector (no, no es la SGAE, es parecido, jajaja…), de 9 a 14 (bueno, el horario me han dejado modificarlo un poco, entrando algunos días antes y saliendo otros más tarde, a fin de poder llegar a la Facultad a clase dos días), por el módico sueldo de 300 euros; durante 3 meses prorrogables a un año.

Ya, ya sé que pensaréis que es esclavitud firmada, y lo es, en cierta medida. Pero bueno, con preaviso nos dijeron que “trabajaríamos como cerdos” y que “rotaríamos en todas las funciones”: es agotador, muy estresante, y mentalmente muy exigente (siendo negativos), porque hacemos el trabajo de varios administrativos, pero bueno, es lo que hay… Siguiendo a la autora reciente, he decidido pensar en positivo. Necesitaba un contrato para otras cuestiones laborales serias, y ya lo tengo (¡y con rapidez!), con lo que soluciono con paños de agua tibia ciertos problemas que acuciaban. Es un lujo, por otra parte, que me enseñen a gestionar una base de datos específica de una institución cultural guay (en zona guay, también), a redactar las cartas-factura, gestionar los presupuestos, y revisar/vaciar los catálogos, haciendo inspección… ¡¡y que además me paguen!! Es experiencia y la necesito el día de mañana, así que por las mañanas, en vez de sentirme triste y cansada por madrugar tanto, correr de un lado a otro para llegar a clase luego, cenar y vuelta a comenzar, pienso que soy afortunada por poder emplear en algo interesante las mañanas que hasta hace poco dejaba que se volatilizaran. Además, mientras tanto, sigo buscando más cosas, porque con los pies en la tierra, esto tampoco durará una vida.

No será el mejor trabajo del mundo, pero algo es. Quizá le cambie el título al blog por el de “Diario de una becaria/precaria…”. [¡¡Espero de corazón que a los demás os vaya todo tan bien como a mí!!]. Action/réaction en toda regla, chavales.

Libro (muy) recomendable: LYUBOMIRSKY, Sonja, “La ciencia de la felicidad”,  BOOKS4POCKET, 2011.

Proyectos (de todo tipo)

•septiembre 24, 2012 • 3 comentarios

Pues eso, que saco algo de tiempo. Acabé el otro día, pero cuestiones de salud me han tenido alejada. ¡Qué narices, también el cansancio y las ganas de hacer cosas alejada del ordenador!

Empiezo la nueva temporada con muchos y pequeños proyectos (que conforman uno más grande). Los académicos (que son inminentes, a falta de una semana…): acabar este año todo lo que me he propuesto. Por un lado, una carrera. Y el TFM, si no lo realizo en cuatro días (más se perdió en Cuba, pero el tasazo no me hace puñetera gracia…), a rematricularlo, para desgracia de mis arcas personales. Y luego los cursos de especialización que intentaré hacer este año, a fin de navegar sobre balsa en el océano de crisis. Los laborales: ya ando en desesperante job searching. Bueno, no muy desesperado. He puesto las bases, los gusanos en el anzuelo, y en las semanas próximas empezarán a llamar. Al menos eso dicen varias candidaturas de Infojobs, jajaja… No, bromas aparte, he decidido que desde el lunes empezaba a pensar en positivo. Si no lo haces tú, nadie lo hará por ti. Eso, y que he echado ya para varias becas de bibliotecaria aburrida… Tengo proyectos en mente más serios, así que si consigo un trabajo, estarán más cerca que lejos… ¡Además, que ya es hora de trabajar en serio y de continuo! Es una cuestión personal. Los de salud: esto me corre más prisa, llega a ser ya molesto el dolor continuo… Aunque salvé el honor y nadie me vio caerme, suficiente. Probablemente fue la vez que más posibilidades tuve de abrirme la cabeza. Los de ocio/deportivos: es que no sabía dónde encuadrar tooooodo lo demás. Por un lado, ando ayudando a un amigo a corregir su futura novela de éxito, que os recomendaré a su debido tiempo (lo cierto es que me llamaba la atención la corrección ortotipográfica, pero he dejado de lado esa faceta académica, que no creo que me dé de comer próximamente). Además, se presenta a los Premios Bitácoras 2012, si lo votárais, haríais feliz a un niño. Por otro lado, he vuelto a correr (a hacer algo de deporte): había encontrado varias rutas chulas por la aldea, de las de pinar y atardecer, con otro frikirunner coleguilla, Edu, pero con la lesión ando retenida en casa. Así que me he visto “obligada” a retomar viejos entretenimientos: por un lado, la pintura. Ando acabando el ya famoso cuadro del gato, y entre medias, por no poder sujetar la bendita paleta, una acuarela que empecé hace ya un año (¡hace ya!) pero que dejé a medias: Alicia en el País de las Maravillas persiguiendo al conejo pesado que siempre tiene prisa, pero le pesa el culo y llega tarde. Más o menos. Era un regalo especial para una persona especial, así que en cuanto lo termine, lo enmarcaré, para la futura biblioteca o despacho. No es una foto de calidad, pero cuando lo tenga acabado, tocará una decente. [Me estoy dando cuenta que no me curro nada, nada, nada las entradas últimamente… Bue’, ya mejorarán, esto es simplemente una actualización de vida en el blog]. Pronto toca una tanda de rockeros, una excursión al hayedo más bonito del solar peninsular, comidas familiares varias, turismo rural, y una merecida sesión de relax en un balneario (kender incluido). He sacado tiempo para leer, ando con Canción de Hielo y Fuego (¡maldito gordo, acaba las novelas de una puñetera vez!), y otro de crecimiento personal (sobre la felicidad, muy recomendable). Nada más, tengo más cosas que decir, pero es un puñetero coñazo escribir con una sola mano. Hasta más ver, chavales.

Está quedando bastante decente. Me queda retocar el refajo, el pelo, los árboles, y entintarlo (casi todo está ya entintado, leche). Muy decente para no haber tocado nunca unas acuarelas (salvo en la época infantil, aquellas tardes de Plástica…).

Me disculpo

•agosto 29, 2012 • 2 comentarios

Porque no tengo tiempo ni de respirar, y los párpados se cierran constantemente por el cansancio (necesito vacaciones, aunque no lo parezca). Os leo, pero desde las actualizaciones del correo electrónico. Cuando acabe septiembre, llenaré los post de gloria. Ahora, de momento, algo de silencio.

Sine notis

•julio 31, 2012 • Dejar un comentario

Quien dize libro, dize que libra o socorre de algún peligro y trabajo; da buenos consejos, pues no ay ninguno de que no se pueda sacar provecho. De los más libros los autores son muertos, y aún hasta entonces no se estiman como se merece. Llévanse por mar y tierra a diferentes Reynos y provincias, y es necesario para saber no tenerlos cerrados y puestos en los estantes para sólo hermosear la pieça, que llamamos librería o estudio, sino abiertos para leerlos diversas vezes. 

Cristóbal Pérez de Herrera

Una noche de perros

•julio 1, 2012 • Dejar un comentario

[Por cortesía de la conexión del kender, subo esta entrada, que estaba prevista viera la luz una vez en la aldea, o bien de nuevo en la gran ciudad; aun así, la retocaré a la vuelta…].

De mis primeras incursiones en esto de los post literarios. No recuerdo cuántas he podido redactar en el blog, pero muchas no han sido. De las últimas que diviso en el horizonte, la del verano pasado.

Eso significa dos cosas: 1) Los pocos libros de literatura que he leído a lo largo del curso, ergo, el poco tiempo de “ocio literario” de que dispongo; 2) Los muchos libros/artículos/ensayos que he leído acerca de la temática académica que me ocupa, ergo, la dificultad (aunque dice la leyenda que hay gente que puede) de compatibilizar estudios y tiempo libre. Vale, sé que de por sí soy un caso perdido.

Descargué la novela de Hugh Laurie (el actor monísimo que interpreta/ba a House… en pasado, que la serie ya ha acabado) por varios motivos: 1) me parece un actor fetiche (era un padre adorable en Stuart Little, la peli doblada por Emilio Aragón… luego dejarse la barba de mendigo y tener esos ojazos haciendo de médico fue sumando puntos; lo cierto es que ha mejorado con el tiempo, como el vino aragonés en barrica de roble: sus primeras obras dejaban entrever que era el Quique San Francisco inglés, y no creo que nadie augurara que fuera a ser un madurito tan cañón… ains); 2) me gusta el humor inglés (acidez necesaria, bromas europeas, ironía de oro…); 3) sí, era una novela de Hugh Laurie (¿ya lo he dicho?); 4) era literatura diferente: me cuesta mucho leer algo “nuevo” teniendo tantos clásicos por leer antes de convertirme en ceniza.

Quizá la parte negativa (una pausa, voy a revisar la lavadora. Todo ok) fue la portada. No sé si fue impuesta por el impresor, o qué, pero desde luego canta a House por soleares. No sé por qué, cuando la veo, pienso en Tarantino. Portada a lo Tarantino. Un señor en moto y los círculos beat ingleses. Todo muy Sex Pistols.

El caso es que ahí estaba yo, con un libro cargado en el Kindle. Como las lecturas fueron pospuestas durante mucho tiempo, este año no me traje a la playa ningún “libro de verano”. De hecho, he venido con lo puesto: Plenilunio, de Muñoz Molina (qué pasa, me apetece leerlo) y algunos cargados de año en año en el maravilloso aparatito, cortesía del kender. Había empezado el libro con pocas esperanzas: lo cierto es que tienes que alejarte lo suficiente de la esfera House para poder pillar los chistes, para que te haga gracia el libro, para que te enganche, y para leer los comentarios con la voz varonil y sexy de House (sin pensar en enfermedades y/o lupus). Lo he leído en dos tandas temporales, pero no afecta a la historia, pues seguía en mente cuando lo he retomado.

El tío, Thomas Lang (desconozco si ése es su verdadero nombre, pues da unos cinco a lo largo del libro y en algún momento dice que no tiene por qué ser su nombre; WTF) es un ex-policía y pistolero a sueldo que se ve envuelto en un asunto muy feo. Pero de esos feos, feos. (¿Esto va a ser una entrada hellokitty?). Le encargan matar a un señor, A. W. (por dar un toque de misterio), y decide, como buen inglés, que sería cortés avisarle antes, lo típico: “oiga, me han pedido que le descerraje la sien, si no le importa, procure salir en línea recta de casa, párese… para facilitar las cosas”. Pero al ir a avisar al buen hombre, se le complica la vida. Los que querían que se lo cargue no son los que son, al que tenía que matar no es el que es, la hija del que tenía que matar no es… bueno, esa sí. Pero todo está liado como una madeja de lana de abuela. Llega un momento en que piensas (y le dices al aparatito de lectura): no, hombre, no, no se lo digas, que es de los malos… o eso me parece. El pobre Tom se hace “la picha un lío”, como popularmente se pronuncia en las calles sevillanas, ya no sabe si va o si viene, si tiene amigos o son los peores enemigos, si juega en el bando de España, o en el de Italia (eh, eh, alusión a la Eurocopa: para que digáis que las chatis no prestamos atención a vuestros juegos de cernícalos). Se puede situar temporalmente el libro por una referencia, precisamente al solar español: “la semana pasada los de ETA pusieron una bomba en Barcelona”. Como ando en la playa en el momento de redactar esto (sí, en un .txt, sin conexión social), no me he parado a revisar esto, pero vamos, que se puede ubicar. Un lío tremebundo, el pobre Tom acaba haciendo el oficio más feo del mundo [nota mental para Nico: no, no se prostituye]: un terrorista de Minessotta (arg, ¿dónde van las letras dobles?) llamado Ricky, paleto que aprende a desmontar un M-16 mientras piensa en tías guarras… Ricky, evidentemente, es una de sus personalidades. Tom Lang se hace un lío con el acento que debe poner la mayoría de las veces (vale, es cierto que le da demasiado al whisky).

Pero, y desde luego es lo más interesante del libro, todo, exclusivamente todo (todo el libro, todas las páginas, todos los párrafos) están plagados de conversación mental que tiene consigo mismo Tom. Cuando habla, hace apostillas relativas a lo que van a tardar en responder los demás, o lo que van a responder, incluso. Eso, a medida que fueron pasando las “hojas” (es que yo tengo un porcentaje y un número de líneas, no tengo páginas, mimimimimi…) hizo que me sintiera muy agusto con la lectura. Nos parecemos más de lo que parece, verbigracia, Thomas Lang y yo, “Amelia Edwards”. Es una manía personal, pero yo tampoco dejo de pensar en lo que me va a responder el oponente, me gusta observar a las personas (se aprende mucho), sus gestos, sus palabras. Suelo probar varias respuestas en el microsegundo en que se están produciendo los chispazos mentales en el otro (en medio del silencio más pavoroso). Me gusta ser así, en el fondo.

El final no lo destripo, porque es una novela que recomiendo para un día ocioso, por ejemplo, un domingo en la playa. Pero es bonito. Sorprendente Hugh Laurie en su novela (se notan los años de teatro), muy recomendable (la catalogo, nuevamente, de lectura de verano). Vale (como dijeran los impresores reales).

Sr. Goseascoechea

•junio 26, 2012 • Dejar un comentario

Me resulta verdaderamente triste llegar de una celebración y ver un mensaje de un amigo en el que se indica que usted lo ha importunado con sus comentarios, debido a que ha decidido asaltarlo desde una conversación personal de esta bitácora.

NOTA: Sé que va a hacer caso omiso a los párrafos que siguen, si es que se digna a leerlos, pero son la antesala de las consecuencias que acarrea “molestar en exceso al personal”. Debería leerlo, aunque sólo sea para la introspectiva personal que debiera hacer los próximos días.

Como pudo comprobar (creo amargamente), hace unos días decidí vetarlo definitivamente en mi blog. Y digo MI blog porque es de mi autoría y propiedad, y sí, aunque el franquismo ya acabó, yo practico la censura en las fronteras de mi reino. Los blogs por los que usted se pasea no son privados, porque no escondemos nada a nadie, pero son personales, porque conforman un pequeño ágora en el que intercambiamos opiniones, frases de afecto, debido sobre todo a la distancia que nos separa y a la escasez de los encuentros, son blogs cuasi familiares, de gente que se conoce en la realidad, no de extraños que pretenden descubrirnos el número áureo.

He estado investigando en la red, y aunque no puedo considerarlo como spam o correo no deseado ante un ente judicial, desde luego incurre en lo que se denomina ciberdelincuencia —dado que he solicitado activamente el cese de un contenido concreto en sus aportaciones, obteniendo una negativa por su parte—, lo que me hace pensar en tomar algún tipo de medida legal contra usted (¿acoso, tal vez?). No es técnicamente correo comercial, pero si hacemos un refrito legal, comprobará que está violando algunos de MIS derechos constitucionales como es el Artículo 16 o la LSSI. Lo copio, entiendo que no tiene a mano la Constitución, sólo la Biblia:

Artículo 16.

1. Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la Ley.

2. Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.

3. Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia Católica y las demás confesiones.

Por otra parte, aunque la LSSI fue creada en inicio para referirse al comercio electrónico, lo cierto es que, dado que la Iglesia, como cuestión física, representa una asociación “sin ánimo de lucro”, que vende “productos” (como la salvación eterna, las bulas, las prebendas, las misas de difuntos, las ceremonias de boda, los exorcismos…) y genera capital económico, su PUBLICIDAD descarada en mis comentarios entra a formar parte de lo que se denomina spam (definido como el envío de publicidad a destinatarios —generalmente en masa y a un gran número de ellos: en nuestro caso, tres afectados, aunque desconozco a cuántos más haya molestado en el orbe telemático— en relación a los cuales no se les ha solicitado el consentimiento en orden a la remisión de tales comunicaciones). Creo que no hay más que añadir a todo esto, porque queda perfectamente aclarado (sí, en negrita y subrayado, para que le conste visualmente).

Bien. En algún comentario anterior le ofrecí la potestad de comentar sobre los post sin hacer alusión alguna a cuestiones religiosas, pues como le comuniqué, es algo personal y NO QUIERO que en mi blog se produzcan tales comentarios. Es evidente, por la progresión de sus aportaciones, que ha obviado esta concesión y ha seguido en la misma línea. Ahora mismo retiro tal disposición: los post que publico hacen referencia a ideas, estados de ánimo, situaciones y anécdotas MERAMENTE PERSONALES, por lo que autorizo a dar su opinión a los que realmente me conocen en persona, no a desconocidos como usted, sr. Goseascoechea.

No entro ni siquiera en la falta de respeto hacia mi persona de los últimos comentarios, pues me parece realmente deleznable que usted me juzgue sin conocerme y diga esas barbaridades de mí (para su suerte, mis amigos no han accedido a ellas… por su bien). Mis méritos académicos son míos, y se los comunico a mis amigos, no a mis enemigos. En una sociedad en contexto de crisis como el actual debería saber valorar cualquier esfuerzo académico, dado que los pilares de la sociedad se conforman en el conocimiento y la transmisión del mismo, no en palomas que conciben humanos. Recuerde que su pensión la pagaré yo así como las personas a las que está incomodando con sus aportaciones, no debería jugarse su pan tan a la ligera…

Calculo, porque no me he molestado en averiguar muchos más datos de su persona (tengo mejores cosas que hacer con mi vida), sobre todo por el vocabulario empleado y por las arcaicas ideas que usa, que debe ser una persona ya mayor que vivió un franquismo recalcitrante, que creció bajo el abrigo de Fraga, que votó a la sacrosanta Alianza Popular y que rechinaba cuando veía a Suárez en la televisión, pensando que Carrero jamás debió volar tan alto… Puede ser que sea del Opus Dei o de los Kikos… y tenga casi una docena de hijos, todos concebidos bajo la mirada de Dios y de la Virgen, en medio de un rosario a medio rezar con su señora, en una cama desconchada con crucifijo en la cabecera, en la albufera valenciana. Quizá es sacerdote ocioso, aunque probablemente sea un laico siervo, el de las primeras lecturas en la misa dominical, que ha pagado una vidriera en la iglesia de su barrio y cree que tiene ya un pedazo de Cielo a su nombre (recuerde esa canción popular que trata del fenómeno igualatorio: “tengo una caja de pino para ti en un rincón del cementerio”… y otra que habla de la sangre de Cristo: “el vino que vende Asunción no es blanco ni tinto ni tiene color…”). Probablemente aplauda de emoción cuando su Camps, aquel de los trajes, sale en los medios de comunicación, y se flagele en la Semana Santa ante la impiedad de la sociedad, pensando que el Partido Popular es lo menos malo del panorama político (¡que vuelva Francisquito! dice en las tardes de verano junto a su señora, que teje patucos para uno de sus nietos). Quizá tenga un pequeño altar con la imagen de Rajoy, que besa todas las noches antes de dormir. Si no hace todo esto, aun así, seguirá siendo un señor de cierta edad, que ha accedido a la información digital hace poco (ya sabe, cursos de la Diputació, Universidad para mayores… y que, para mi desgracia, no le han aportado otra cosa que moscacojonerismo; aunque le ha hecho salir de la temida ignorancia), que en vez de mandarse cartas cadena y correos sobre Cristo con sus hermanitas de la congregación, ha decidido molestar a una joven que le dobla (¡le triplica!) en coeficiente intelectual, y que tiene un blog personal para amigos personales, no para señores de Valencia que nada le aportan.

Y es que ahora más que nunca tengo clara la cuestión de la inteligencia de su persona. Como probablemente no deje de molestar en lo que le quede de vida (no creo que ande en los últimos estertores… aunque nunca se sabe), la única solución plausible es esperar a que san Pedro le llame a la diestra de Dios y deje de dar por culo (me permito la licencia, aunque tengo una exquisita educación). Otra, que he meditado, es bien clausurar el blog, bien hacerlo privado, para que no acceda al mismo sin un permiso personal que OBVIAMENTE NO LE DARÉ. Así no tendrá motivos para hacer incursiones molestas y desagradables (que llegan a tal punto de amargarme el día…).

Es más que evidente que si quisiera que personas como usted accedieran diariamente a las secciones que he redactado, habría incluido publicidad de pago en la página, para que al menos me reporte algo, o la habría publicitado en los buscadores y logrado un mejor posicionamiento (no se moleste en buscarlo, no creo que sepa de lo que estoy hablando…). Lo triste es que, sin yo haber puesto miel para cazar moscas, se me ha llenado el blog de las mismas (sí, sí, gente como usted).

Dije que no volvería a escribir una entrada aludiendo a su persona, pero antes de comenzar mis vacaciones, quería dejarle claro que yo también puedo defender a los que me rodean, y sobre todo, puedo defenderme de sus ataques. Tendrá noticias mías por otra vía muy pronto, no se angustie. Y no creo que ésas le hagan tanta gracia.

Mi abuelo, que sí era una persona de la que adquirir un rico conocimiento, y que probablemente hizo más por España que usted en sus años de rezo, me dijo una vez que no había mayor desprecio que no hacer aprecio. No rece por mí, no lo necesito, ya tengo una abuela que lo hace diariamente. Ahórrese sus comentarios, ya de cualquier tipo, creo que he expuesto con rigor mi veto y las razones justificadas en este texto. Dejó de ser bienvenido hace tiempo, pero creo que no había quedado claro hasta ahora. No vuelva a molestar a los que me rodean, o seré yo la que le moleste (y no, no se lo recomiendo).